Mariano Moreno y su rol en los sucesos de 1810 y en la formación del primer gobierno patrio.
A fines de 1802, el destacado estudiante debió preparar el último examen teórico para obtener su título de abogado. A pesar de que pocos meses antes se había expresado en contra del orden colonial instituido, para su disertación final optó por eludir cualquier polémica con los defensores de ese orden. Es que, como diriá Bernardo de Monteagudo en 1812,"¿Quién se atrevería en aquel tiempo a mirar a las cadenas con desdén?". El futuro conspirador estaba obligado a simular. Sabía que su hipocresía es transitoria, un sacrificio necesario para hacer posible el momento de la verdad. Eligió entonces un tema intrascendente: una ley sobre los bienes del marido o de la esposa que contraía nuevas nupcias.
Entre 1803 y 1804 realizó sus prácticas profesionales en el estudio de Agustín Gascón, oficiando como abogado defensor de indios contra abusos de sus patrones, llegando a inculpar a poderosos personajes como al intendente de Cochabamba y el alcalde de Chayanta. Estas actividades hicieron que su permanencia en Chuquisaca se viera complicada y junto a su reciente esposa, María Guadalupe Cuenca, de quince años de edad, y su recién nacido hijo, se trasladasen a Buenos Aires a mediados de 1805. El retorno de Mariano Moreno a Buenos Aires, estaba relacionado con su enfrentamiento con el poder chuquisaqueño, que tornaba difícil e insegura su permanencia en el Alto Perú.
Ya en Buenos Aires, fue habilitado por la Real Audiencia para ejercer su profesión de abogado como relator de la Audiencia y asesor del Cabildo de Buenos Aires, y uno de sus primeros casos fue la defensa del canónigo Melchor Fernández, agraviado por el obispo Benito Lué y Riega. En otro de sus primeros pleitos fundamentó la decisión del cabildo de negar el nombramiento como alférez del joven Bernardino Rivadavia.
Las invasiones Inglesas
En 1806 tuvo lugar la primera de las dos Invasiones Inglesas, durante las cuales Buenos Aires fue ocupada por una fuerza militar británica. Aunque Moreno no participó activamente de las contraofensivas militares con las cuales se los expulsó, se opuso a la presencia inglesa en Buenos Aires y durante la misma escribió un diario en donde tomaba nota de todos los acontecimientos que sucedían. Su propósito era que sus compatriotas conocieran en el futuro por qué circunstancias tal acontecimiento había tenido lugar. Moreno afirmaba lo siguiente:
«Yo he visto llorar muchos hombres por la infamia con que se les entregaba; y yo mismo he llorado más que otro alguno, cuando a las tres de la tarde del 27 de junio de 1806, vi entrar a 1.560 hombres ingleses, que apoderados de mi Patria se alojaron en el fuerte y demás cuarteles de la ciudad».
En 1807, antes de volver a atacar a la ciudad de Buenos Aires, un nuevo conjunto de ejércitos ingleses tomó la ciudad de Montevideo. Por entonces se comenzó a editar en dicha ciudad un periódico bilingüe, tanto en inglés como en castellano, conocido como The Southern Star o La estrella del Sur. En él se defendía el libre comercio, una de las metas de los ingleses, y se promovía la independencia americana bajo tutela inglesa. En Buenos Aires la Audiencia prohibió la circulación de dicho periódico, encargándole a Moreno la redacción de artículos que refutaran las afirmaciones del mismo. Moreno se negó, ya que aunque no aceptaba la dominación inglesa sí estaba de acuerdo con algunas de las críticas que se formulaban al gobierno español.
Primeras actuaciones públicas
Por sus vínculos con el alcalde Martín de Álzaga, ocupó el cargo de asesor legal del Cabildo de la ciudad. En ese carácter, fue el autor de una petición al Rey de España, para que el Cabildo de Buenos Aires fuera nombrado Protector de los Cabildos del Virreinato del Río de la Plata, de modo que ningún cabildo local pudiera dirigirse al Rey o al virrey, sino a través de la capital.
Acompañó a Martín de Álzaga como uno de los organizadores de la Asonada de Álzaga, ocurrida el 1 de enero de 1809, que pretendía reemplazar al virrey Santiago de Liniers por una junta de gobierno, de la que hubiera formado parte. Fueron derrotados por la enérgica reacción del coronel Cornelio Saavedra, al mando del Regimiento de Patricios. Moreno fue el abogado defensor de Álzaga en el juicio que se le siguió, que estaba caratulado como juicio por independencia.
Al llegar a Buenos Aires el nuevo virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros, los arrestados por dicho alzamiento fueron liberados, en virtud de un informe favorable redactado por Moreno y el síndico Julián de Leyva. Mariano Moreno fue ascendido a relator de la Real Audiencia de Buenos Aires.
Cisneros también declaró el libre comercio con Inglaterra. Hasta entonces, España mantenía el monopolio del comercio exterior de sus colonias, pero Buenos Aires solía ser relegada en el mismo. La situación se agravó con la disminución del comercio español debido al recrudecimiento en Europa de las guerras napoleónicas, lo cual llevó a la ciudad a un fuerte déficit. La medida fue criticada por el apoderado del Consulado de Cádiz, que aseguraba que la libre entrada de productos ingleses perjudicaría a las industrias artesanales de las ciudades del interior y la relación con España y su rey, y afectaría a la moral, las costumbres y la religión.
Un importante grupo de estancieros, que no se sentían adecuadamente representados en el Cabildo, le pidió a Moreno que defendiera la apertura económica, para lo cual publicó una Representación de los Hacendados, en que promovía el libre cambio, atacaba los privilegios de los monopolistas y promovía el interés exportador de los ganaderos. Es considerado el informe económico más completo de la época del virreinato.13 Representaba las nuevas ideas económicas que se desarrollaban en Europa, y señalaba que el monopolio comercial con España no impedía que los productos ingleses se introdujeran ilegalmente de todas formas.
Diversos autores han puesto en duda la autoría del documento por parte de Moreno, considerando que era una actualización de otro, redactado anteriormente por Manuel Belgrano, Secretario del Consulado de Comercio de Buenos Aires, para ser presentado a Liniers. Por otro lado, el virrey ya había decidido anunciar el libre comercio, para lo cual traía instrucciones desde España. Había pedido informes a otras corporaciones, como el Consulado, el Cabildo y la Audiencia, que se habían pronunciado a favor.
Dicha presentación, así como el prestigio y la amplia cantidad de contactos de Moreno en la sociedad virreinal, le fueron útiles para conseguir la confianza de Cisneros. Aun así, secretamente, Moreno respaldaba los movimientos que planeaban destituir al virrey.
La Revolución de Mayo
Mariano Moreno no participó del cabildo abierto en el momento en el que se anunciaban los nombres de los integrantes de la nueva junta de gobierno. Pero con su decidida intervención en las reuniones secretas llevadas a cabo para definir los pasos de la revolución ya había aclarado su postura en favor de la formación del nuevo gobierno. Tampoco había permanecido la tarde anterior en la casa de Nicolás Rodríguez Peña -uno de los reductos de reunión preferidos por los revolucionarios- cuando Antonio Beruti redactaba la lista de los miembros de la junta. El ideólogo de la revolución no sabía todavía que su nombre había sido incluido en la nómina, aunque seguramente lo intuía. El 25 de mayo de 1810 su hermano Manuel Moreno lo buscó ansiosamente por los lugares que solía frecuentar para darle la noticia. A media tarde, Mariano Moreno ya estaba enterado de la novedad. Alguien le contó cómo se desencadenaron los sucesos desde el día anterior, después de que él se hubiera retirado de la casa de Rodríguez Peña junto con Feliciano Chiclana y Matías Irigoyen.
El núcleo revolucionario rechazaba de plano que el virrey participara en un gobierno patrio. Luego de que la lista de integrantes de la nueva junta fuera aclamada por todos se redactó un documento al que llamaron "la Representación", en el que se instaba al Cabildo a que cumpliera con la voluntad popular. La noche del 24 de mayo un grupo de patriotas había salido a recorrer las estrechas calles de la Buenos Aires colonial para conseguir que la mayor cantidad posible de vecinos estampara su firma en el documento que se presentaría en el cabildo el día siguiente. Por fin, frente a la presión del núcleo revolucionario y del pueblo, Cisneros renunció. Al Cabildo no le quedaba otra opción que aceptar la lista de la nueva Junta de Gobierno. Aquel 25 de mayo de 1810, Moreno ya sabía que el nuevo gobierno se verá sujeto no sólo a presiones externas sino también a enconadas pujas internas.
"Es preciso, pues, emprender un nuevo camino en que lejos de hallarse alguna senda será necesario practicarla por entre los obstáculos que el despotismo, la venalidad y las preocupaciones han amontonado después de siglos ante los progresos de la felicidad de este continente. Después que la nueva autoridad haya escapado a los ataques a que se verá expuesta por sólo la calidad de ser nueva, tendrá que sufrir los de las pasiones, intereses e inconstancia de los mismos que ahora fomentan la reforma. Un hombre justo que esté al frente del gobierno será tal vez la víctima de la ignorancia y de la emulación".
A fines de 1809, Mariano Moreno ya había definido su posición política. Estaba definitivamente en contra de los españoles realistas y del francés Liniers. También se encontraba muy alejado de los criollos monárquicos defensores del carlotismo. El joven abogado siguió fiel a su posición, y sabía que el sector juvenil y republicano del partido patriota lo apoyaba. Promovió la constitución de una Junta de gobierno autónoma que, enarbolando la máscara de sumisión a Fernando VII, respetase la voluntad popular.
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| Busto del doctor Mariano Moreno, por Erminio Blotta. |
A fines de 1802, el destacado estudiante debió preparar el último examen teórico para obtener su título de abogado. A pesar de que pocos meses antes se había expresado en contra del orden colonial instituido, para su disertación final optó por eludir cualquier polémica con los defensores de ese orden. Es que, como diriá Bernardo de Monteagudo en 1812,"¿Quién se atrevería en aquel tiempo a mirar a las cadenas con desdén?". El futuro conspirador estaba obligado a simular. Sabía que su hipocresía es transitoria, un sacrificio necesario para hacer posible el momento de la verdad. Eligió entonces un tema intrascendente: una ley sobre los bienes del marido o de la esposa que contraía nuevas nupcias.
Entre 1803 y 1804 realizó sus prácticas profesionales en el estudio de Agustín Gascón, oficiando como abogado defensor de indios contra abusos de sus patrones, llegando a inculpar a poderosos personajes como al intendente de Cochabamba y el alcalde de Chayanta. Estas actividades hicieron que su permanencia en Chuquisaca se viera complicada y junto a su reciente esposa, María Guadalupe Cuenca, de quince años de edad, y su recién nacido hijo, se trasladasen a Buenos Aires a mediados de 1805. El retorno de Mariano Moreno a Buenos Aires, estaba relacionado con su enfrentamiento con el poder chuquisaqueño, que tornaba difícil e insegura su permanencia en el Alto Perú.
Ya en Buenos Aires, fue habilitado por la Real Audiencia para ejercer su profesión de abogado como relator de la Audiencia y asesor del Cabildo de Buenos Aires, y uno de sus primeros casos fue la defensa del canónigo Melchor Fernández, agraviado por el obispo Benito Lué y Riega. En otro de sus primeros pleitos fundamentó la decisión del cabildo de negar el nombramiento como alférez del joven Bernardino Rivadavia.
Las invasiones Inglesas
En 1806 tuvo lugar la primera de las dos Invasiones Inglesas, durante las cuales Buenos Aires fue ocupada por una fuerza militar británica. Aunque Moreno no participó activamente de las contraofensivas militares con las cuales se los expulsó, se opuso a la presencia inglesa en Buenos Aires y durante la misma escribió un diario en donde tomaba nota de todos los acontecimientos que sucedían. Su propósito era que sus compatriotas conocieran en el futuro por qué circunstancias tal acontecimiento había tenido lugar. Moreno afirmaba lo siguiente:
«Yo he visto llorar muchos hombres por la infamia con que se les entregaba; y yo mismo he llorado más que otro alguno, cuando a las tres de la tarde del 27 de junio de 1806, vi entrar a 1.560 hombres ingleses, que apoderados de mi Patria se alojaron en el fuerte y demás cuarteles de la ciudad».
En 1807, antes de volver a atacar a la ciudad de Buenos Aires, un nuevo conjunto de ejércitos ingleses tomó la ciudad de Montevideo. Por entonces se comenzó a editar en dicha ciudad un periódico bilingüe, tanto en inglés como en castellano, conocido como The Southern Star o La estrella del Sur. En él se defendía el libre comercio, una de las metas de los ingleses, y se promovía la independencia americana bajo tutela inglesa. En Buenos Aires la Audiencia prohibió la circulación de dicho periódico, encargándole a Moreno la redacción de artículos que refutaran las afirmaciones del mismo. Moreno se negó, ya que aunque no aceptaba la dominación inglesa sí estaba de acuerdo con algunas de las críticas que se formulaban al gobierno español.
Primeras actuaciones públicas
Por sus vínculos con el alcalde Martín de Álzaga, ocupó el cargo de asesor legal del Cabildo de la ciudad. En ese carácter, fue el autor de una petición al Rey de España, para que el Cabildo de Buenos Aires fuera nombrado Protector de los Cabildos del Virreinato del Río de la Plata, de modo que ningún cabildo local pudiera dirigirse al Rey o al virrey, sino a través de la capital.
Acompañó a Martín de Álzaga como uno de los organizadores de la Asonada de Álzaga, ocurrida el 1 de enero de 1809, que pretendía reemplazar al virrey Santiago de Liniers por una junta de gobierno, de la que hubiera formado parte. Fueron derrotados por la enérgica reacción del coronel Cornelio Saavedra, al mando del Regimiento de Patricios. Moreno fue el abogado defensor de Álzaga en el juicio que se le siguió, que estaba caratulado como juicio por independencia.
Al llegar a Buenos Aires el nuevo virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros, los arrestados por dicho alzamiento fueron liberados, en virtud de un informe favorable redactado por Moreno y el síndico Julián de Leyva. Mariano Moreno fue ascendido a relator de la Real Audiencia de Buenos Aires.
Cisneros también declaró el libre comercio con Inglaterra. Hasta entonces, España mantenía el monopolio del comercio exterior de sus colonias, pero Buenos Aires solía ser relegada en el mismo. La situación se agravó con la disminución del comercio español debido al recrudecimiento en Europa de las guerras napoleónicas, lo cual llevó a la ciudad a un fuerte déficit. La medida fue criticada por el apoderado del Consulado de Cádiz, que aseguraba que la libre entrada de productos ingleses perjudicaría a las industrias artesanales de las ciudades del interior y la relación con España y su rey, y afectaría a la moral, las costumbres y la religión.
Un importante grupo de estancieros, que no se sentían adecuadamente representados en el Cabildo, le pidió a Moreno que defendiera la apertura económica, para lo cual publicó una Representación de los Hacendados, en que promovía el libre cambio, atacaba los privilegios de los monopolistas y promovía el interés exportador de los ganaderos. Es considerado el informe económico más completo de la época del virreinato.13 Representaba las nuevas ideas económicas que se desarrollaban en Europa, y señalaba que el monopolio comercial con España no impedía que los productos ingleses se introdujeran ilegalmente de todas formas.
Diversos autores han puesto en duda la autoría del documento por parte de Moreno, considerando que era una actualización de otro, redactado anteriormente por Manuel Belgrano, Secretario del Consulado de Comercio de Buenos Aires, para ser presentado a Liniers. Por otro lado, el virrey ya había decidido anunciar el libre comercio, para lo cual traía instrucciones desde España. Había pedido informes a otras corporaciones, como el Consulado, el Cabildo y la Audiencia, que se habían pronunciado a favor.
Dicha presentación, así como el prestigio y la amplia cantidad de contactos de Moreno en la sociedad virreinal, le fueron útiles para conseguir la confianza de Cisneros. Aun así, secretamente, Moreno respaldaba los movimientos que planeaban destituir al virrey.
La Revolución de Mayo
Mariano Moreno no participó del cabildo abierto en el momento en el que se anunciaban los nombres de los integrantes de la nueva junta de gobierno. Pero con su decidida intervención en las reuniones secretas llevadas a cabo para definir los pasos de la revolución ya había aclarado su postura en favor de la formación del nuevo gobierno. Tampoco había permanecido la tarde anterior en la casa de Nicolás Rodríguez Peña -uno de los reductos de reunión preferidos por los revolucionarios- cuando Antonio Beruti redactaba la lista de los miembros de la junta. El ideólogo de la revolución no sabía todavía que su nombre había sido incluido en la nómina, aunque seguramente lo intuía. El 25 de mayo de 1810 su hermano Manuel Moreno lo buscó ansiosamente por los lugares que solía frecuentar para darle la noticia. A media tarde, Mariano Moreno ya estaba enterado de la novedad. Alguien le contó cómo se desencadenaron los sucesos desde el día anterior, después de que él se hubiera retirado de la casa de Rodríguez Peña junto con Feliciano Chiclana y Matías Irigoyen.
El núcleo revolucionario rechazaba de plano que el virrey participara en un gobierno patrio. Luego de que la lista de integrantes de la nueva junta fuera aclamada por todos se redactó un documento al que llamaron "la Representación", en el que se instaba al Cabildo a que cumpliera con la voluntad popular. La noche del 24 de mayo un grupo de patriotas había salido a recorrer las estrechas calles de la Buenos Aires colonial para conseguir que la mayor cantidad posible de vecinos estampara su firma en el documento que se presentaría en el cabildo el día siguiente. Por fin, frente a la presión del núcleo revolucionario y del pueblo, Cisneros renunció. Al Cabildo no le quedaba otra opción que aceptar la lista de la nueva Junta de Gobierno. Aquel 25 de mayo de 1810, Moreno ya sabía que el nuevo gobierno se verá sujeto no sólo a presiones externas sino también a enconadas pujas internas.
"Es preciso, pues, emprender un nuevo camino en que lejos de hallarse alguna senda será necesario practicarla por entre los obstáculos que el despotismo, la venalidad y las preocupaciones han amontonado después de siglos ante los progresos de la felicidad de este continente. Después que la nueva autoridad haya escapado a los ataques a que se verá expuesta por sólo la calidad de ser nueva, tendrá que sufrir los de las pasiones, intereses e inconstancia de los mismos que ahora fomentan la reforma. Un hombre justo que esté al frente del gobierno será tal vez la víctima de la ignorancia y de la emulación".
A fines de 1809, Mariano Moreno ya había definido su posición política. Estaba definitivamente en contra de los españoles realistas y del francés Liniers. También se encontraba muy alejado de los criollos monárquicos defensores del carlotismo. El joven abogado siguió fiel a su posición, y sabía que el sector juvenil y republicano del partido patriota lo apoyaba. Promovió la constitución de una Junta de gobierno autónoma que, enarbolando la máscara de sumisión a Fernando VII, respetase la voluntad popular.
