Después de ocho años la Justicia de Junín sigue investigando un crimen en Rojas

Se trata del asesinato de Gladys Castro. El presunto autor ya había cumplido una condena en la Unidad Penitenciaria 13 de nuestra ciudad. Nunca existió el esclarecimiento total y efectivo porque no hubo procesamiento. La causa tiene como único imputado a Pablo Oscar Maldonado, en la actualidad de 36 años, quien permanece prófugo de la justicia desde el mismo día que cometió el crimen.



El pasado domingo 1 de febrero se cumplieron ocho años del brutal asesinato de Gladys Castro, y es uno de los hechos de sangre que se suma a la larga lista de crímenes cometidos en Rojas, que en su momento fue ha sido el detonante de una tensa situación que y sigue afectando a nuestra comunidad: La impunidad en torno a delitos gravísimos. En el marco de esa causa, se sigue buscando -aunque sin ningún resultado- a su homicida, al hombre de treinta y seis años identificado como Pablo Maldonado quien, hasta el momento, ha logrado permanecer prófugo, esquivando el accionar de la justicia. 
El sujeto, positivamente identificado por la policía -que además se incautó del arma empleada en el crimen, que tendría visos pasionales-, habría sido visto por última vez en las inmediaciones de un monte adyacente a la ruta provincial 31. Independientemente de que el caso se considere, a partir de la identificación del único imputado, y por parte de las autoridades, como "totalmente esclarecido", en la realidad para la Justicia que todos pretendemos que se aplique en nuestro territorio, ningún caso queda plenamente esclarecido hasta tanto la el propio poder judicial no dicte sentencia y, para eso, el imputado tiene que ser procesado y condenado.
Críticas generadas por la indignación general se basan en lo que se considera un ineficiente accionar de la Justicia, que parece no contar con la capacidad para aprehender a un hombre que carece de medios y de recursos y que, aunque podría haber recibido alguna ayuda, está sólo frente al poderoso aparato desplegado. El trágico suceso aconteció sobre el mediodía del jueves primero de febrero de 2007, en inmediaciones de la calle Aspirante Gazo, cuando un hombre, posteriormente identificado como Pablo Maldonado, interceptó a la mujer, de 43 años, quien había sido su pareja y, tras una discusión, la ultimó a balazos, para luego darse a la fuga.
El individuo, tal como lo consignáramos oportunamente, se había desempeñado como encargado de la perrera municipal, y poseería, además, antecedentes penales e, inclusive, una orden de restricción que le obligaba a mantenerse a cierta distancia de su ex mujer por amenazas anteriores. En rigor, son muchos los rojenses que han manifestado, no sin indignación, que siempre pareció inadmisible que, ante la persistencia de amenazas directas de parte del sujeto hacia su ex pareja, que hasta habrían involucrado a los hijos de ésta (de un anterior matrimonio), como así también a sus familiares directos.
Que la Justicia no haya adoptado mayores recaudos que una orden de restricción, que no hace, de hecho, más que delimitar un margen de proximidad entre las personas en conflicto, pero cuya violación no implica sanciones. Esto resulta aún más llamativo toda vez que el homicida ya habría cumplido una condena en la Unidad Penitenciaria Nro. 13 de Junín.

QUÉ FUE LO QUE OCURRIÓ

De acuerdo a los datos obtenidos por El Nuevo, que ya consignáramos y que sintetizamos nuevamente, la víctima -que se desempeñó oportunamente como empleada de la planta permanente de la Clínica Privada de Diagnóstico y Tratamiento, en el área de cocina, y que tras dejar de pertenecer de manera permanente a esa empresa médica, continuaba vinculada a la misma efectuando algunas suplencias-, antes de que se produjera el fatal desenlace, había realizado compras en un conocido comercio de la zona céntrica, tras lo cual, aparentemente mientras retornaba a su domicilio o a otro lugar no precisado aún, cuando circulaba en bicicleta por calle Aspirante Gazo, entre Fernando de Rojas y Colón, fue interceptada por el homicida, quien se movilizaba a bordo de un ciclomotor marca Zanella color rojo. 
Según lo informáramos, el hombre, aparentemente, la habría increpado y se podría haber producido algún forcejeo e, inclusive, hasta algún conato de agresión de parte suya hacia la mujer, quien habría gritado pidiendo auxilio. Pero, en ese momento, el hombre habría extraído de entre sus ropas un arma de fuego con la que disparó sobre su víctima haciendo impacto en dos ocasiones: en una de ellas, cuando la infortunada mujer se encontraba ya tendida en el piso. Este detalle sería considerado fundamental en la causa, porque el hecho de que el presunto agresor portase un arma podría sugerir una premeditación del crimen, con el agravante de que el segundo disparo se habría efectuado cuando la mujer yacía ya sobre el piso, herida por el primer balazo, lo cual añade alevosía, pero nunca se tuvo conocimiento que la causa cambiara de carátula.
Luego de que el personal policial se constituyó en el lugar, y se constató la existencia de la mujer herida, se solicitó, inmediatamente, la concurrencia de personal médico del hospital municipal Saturnino E. Unzué. Al proceder a constatar los signos vitales de la mujer, se estableció su deceso, en principio, por causa de dos impactos de bala, uno en la cabeza, posiblemente en la región occipital, y otro en la espalda.
Según los procedimientos habituales, se procedió a la preservación del escenario del hecho, y se dio intervención a la Ayudante Fiscal del distrito, doctora Nora Fridblat, quien se constituyó en el lugar y se puso en inmediata comunicación con el doctor Marcelo Néstor Tuñón, a cargo de la Unidad Fiscal de Investigaciones Nro. 2 del Departamento Judicial de Junín.
Minutos después arribó a la escena del crimen una dotación de Policía Científica de la Departamental Junín, compuesta de peritos médicos, planimétricos, fotográficos y de rastros, que realizaron los peritajes correspondientes. Posteriormente se dispuso el traslado del cuerpo de la víctima a la morgue judicial de Junín, para la realización de la correspondiente necropsia, que luego fue entregado a sus deudos para su inhumación, realizada el viernes 2 de febrero de 2007.
Mientras tanto, tras cometer el crimen, el homicida se dio a la fuga en la misma motocicleta en la que se movilizaba. Lo hizo en dirección a una vivienda situada en las inmediaciones de la ruta provincial 31, donde reside un matrimonio de su conocimiento, para el cual realizaría algunas changas; al encontrarse con la propietaria de la vivienda, sin mayores explicaciones le habría pedido que le preparara ropa, y abandonó allí el arma empleada, además de un cuchillo de caza. 
Pero cuando la dueña de casa retornó con lo solicitado, el homicida se había marchado ya, aparentemente en dirección a una zona de monte cercana, sumamente espesa, que fue intensamente rastrillada por la policía, sin resultados. Entre tanto, se generaron cientos de versiones sobre el posible paradero del homicida. Cabe destacar que el fiscal que intervino en un primer momento, y se hizo cargo el en ese momento Fiscal General Adjunto, Carlos Colimedaglia. 
Pese a los esfuerzos desplegados, no se está hoy más cerca de atrapar al homicida que hace siete año que burló y burla el accionar de la justicia. Hasta llegó en dos oportunidades a ser publicado en los medios nacionales con el otorgamiento de una recompensa de 70.000 pesos par a el que pudiera aportar datos sobre su posible paradero.

MARCHAS SIN RESULTADO

En torno a este hecho, se realizaron diversas marchas de silencio convocadas por sus familiares, pero tampoco dieron el resultado esperado. También la pareja que la occisa tenía al momento de ser asesinada hizo uso de la Banca Pública en un claro intento de movilizar o incentivar una investigación más profunda para dar con el paradero del hasta hoy imputado y prófugo de la justicia, pero tampoco tuvo repercusión favorable, ni siquiera se logró un cambio de carátula, por algunas de las características que podrían llegar a agregar, como consignamos hubo alevosía y premeditación.



(Fuente: El Nuevo Rojense.com)